
En mi calidad de residente es que a diario recibo preguntas del estilo:
-que no se debe hacer en Japón o
-que es mal visto o incorrecto
O tambien:
-¿Puedo comer algo mientras camino por la calle? O
-¿Puedo tomar café en el metro?
Y la verdad es que ha sido una pregunta difícil de responder más luego de un par de años viviendo aquí he podido llegar a dar con un par de consejos útiles que si bien no son fáciles de integrar como para llegar, salir y aplicarlos, espero al menos puedas rescatar algo valioso y así ponerlo en práctica.
Pero antes, hagamos un ejercicio antes de comenzar.
Imaginate a Japón como si fuese hormiguero, lleno de cientos de miles de hormigas, con todas fluyendo a diario, constantemente, de arriba-abajo, de izquierda a derecha, de día y de noche, incesantemente, cada una con una tarea en particular: ya sea llevar comida o retirar basura, construir un nuevo túnel o transportar agua, sea cual sea el trabajo todo en pos de un bien común: un hormiguero seguro, la reina protegida y las larvas bien alimentadas.
Si en plena labor una de las hormigas se detiene a descansar esto produce un efecto en cadena que puede llegar a ser devastador.
Esta no solo se detiene pero la que le sigue atrás también y luego está la que le sigue, y así sucesivamente. llegando a tal punto de colapsar toda una sección del hormiguero.
Es martes por la mañana, ya son las 09:01, tomaste el primer Shinkansen desde Tokyo station, si, el de las 06:07 y te bajaste en Shin-Osaka, caminaste hasta la conexión con el metro que está allí mismo para tu suerte y acabas de abordar el tercer vagón (de los 10 en total que acarrea está cuncuna de hojalata) de la línea más congestionada de toda la ciudad: la Midosuji Line.
Vas a Universal Studios con toda tu familia, pero también viene tu cuñado, con sus dos hijos y tu hermana. Son 9 en total y contra marea, faldas y trajes, se abren paso entre la pesada mañana en la gran ciudad.
Lograste llegar a Osaka Station pero aun así aun les queda una gran sección por
caminar.
El trabajo ahora es abordar el tren que rodea durante 18 horas consecutivas el anillo interno de la ciudad: la Osaka Loop Line.
Este servicio se hará cargo del último eslabón del recorrido y de dejarlos directamente en la puerta del parque.
Todos van muy emocionados mas también se siente la adrenalina y la tensión por no saber completamente en qué dirección ir ni cual es el próximo tren a tomar.
Las chicas, excepto Marta que lleva las cuentas de su familia, van tranquilas y no han dejado de discutir acerca de sus vacaciones en Francia.
Miguel que no durmió nada producto del Jet-lag viene ahora quejándose de que no había pan en el desayuno.
Javier, que no había dicho ninguna sola palabra se voltea y se une a la conversación, aclarando que el viaje a Francia estuvo muy mal organizado a lo que comienza a desarrollar su argumento.
Maria suelta una carcajada buscando desviar la conversación hacia otro tema mientras que Jorge se queja de que su conexión a internet está volviendo a presentar fallas. Adolfo, el marido de Marta, detiene a todos preguntando si alguien ha visto su Suica ya que no la encuentra por ningún lado y es así como finalmente el grupo ha alcanzado el punto de detención absoluta y nadie avanza en estos momentos.
El grupo se encuentra varado en el pasaje subterráneo discutiendo, buscando cosas, algunos estresados y otros escuchando música mientras la muchedumbre fluye indiferentemente alrededor de ellos. Como un río turbulento donde ha sido puesta una gran piedra.
Algunos japoneses deben desviarse de su curso natural para poder esquivar al grupo de 9, más está vez 10, porque se están acumulando, que está bloqueando el tráfico de transeúntes en la hora peak del día.
El embotellamiento es tal que ahora que lees y puedes interferir, insistes en que todos deben hacerse hacia un costado, como una voz que penetra omniscientemente en los oídos de todo el grupo, más nadie te hace caso y cada uno sigue pendiente de sus propios asuntos.
Miguel del desayuno mediocre en el hotel. Javier de la pésima experiencia en Francia. Jorge de su sim card. Adolfo de su Suica, y así sucesivamente.
Pareciera que Carlos si te ha escuchado porque ha levantado su mirada y se ha quitado sus audífonos, se hace a un costado, junto a la pared, y comienza a movilizar el equipaje de su hermana y de su madre, que están junto a él.
La situación se vuelve cada vez más estresante, especialmente para ti, que ya te has hecho parte del grupo. Puedes notar como los locales en vestidos y corbatas comienzan a lanzar miradas acuchilladoras al grupo más sin decir nada siguen con su acelerado paso a donde sea que se dirijan. Los ves, frustrados por la inoperancia, ignorancia, lentitud e incapacidad del grupo y los entiendes.
Tu ya sabes como funciona el sistema y empatizas muy bien con ellos, un acto propio y natural de un japonés: entender y respetar el espacio público y compartido.
En Japón, sobra la gente, y falta el espacio, literalmente.
Estamos hablando de un país de 124 millones de habitantes en un territorio cubierto completamente en un 70% por montañas.
Esto obliga a que sus grandes ciudades están siempre muy congestionadas.
Piénsalo así: La densidad por habitantes en promedio es de 350 por kilómetro cuadrado. Y esto es un promedio, es decir, incluye áreas rurales las cuales son mucho menos ajetreadas.
Países como México solo acarrean 65 habitantes por km cuadrado. Argentina 17, Chile 26 o Colombia 45. 65 vs 350, 17 vs 350, 45 vs 350
¿Entiendes la diferencia?
Este fenómeno demográfico ha instruido y obligado a los Japoneses durante siglos -a diferencia nuestra- a ser absolutamente considerados con su espacio público y compartido, y es que ellos entienden que no se pueden dar el lujo de obstruir ni mucho
menos ser obstruidos.
El hormiguero debe fluir de lo contrario el país completo ha de colapsar.